Te pasa algo y no sabés bien qué es. Llegaste a un techo. Lo intentás, lo intentás, y no se da. Y por dentro escuchás esas frasecitas: "siempre me pasa lo mismo", "a mí esto no se me da", "será que tengo mala suerte". ¿Te suena?
Quiero contarte algo que veo todo el tiempo en mi trabajo: lo que más cuesta no es resolver el problema. Lo que más cuesta es ponerle nombre. Porque cuando el problema no tiene nombre, tu cabeza no sabe ni por dónde agarrarlo. Y ahí te quedás dando vueltas, como con algo en la mano que no sabés bien qué es.
Lo primero que tenés que saber: tu cuerpo ya lo sabe
Antes que tu cabeza, el cuerpo te avisa. El neurocientífico Antonio Damasio lo llamó el marcador somático: esa señal del cuerpo que aparece antes de que la mente entienda. Te duele algo, se te cierra el estómago, no dormís, te enojás por una pavada. Eso no es "estar mal" porque sí. Es información. Es tu sistema diciéndote "che, acá hay algo".
Y acá viene la parte linda (y es ciencia)
Cuando lográs ponerle nombre y lugar a lo que te pasa, algo se afloja. Literalmente. El cerebro deja de pelear cuando puede ubicar lo que le pasa. Mientras no sabés qué es, tu sistema lo trata como una amenaza y se queda en alerta. Y ojo con esto: con ese nivel de estrés no vas a poder pensar con claridad ni ejecutar. Por eso lo primero no es "hacer más fuerza". Lo primero es bajar el ruido para poder pensar.
No es falta de capacidad. No es mala suerte. Es un código que aprendiste hace tiempo y que hoy decide por vos sin que lo veas.
La próxima vez que sientas ese freno, frená un segundo y preguntate:
- ¿Qué estoy pensando en este momento?
- ¿Qué emoción estoy sintiendo?
- ¿Qué sensación tengo en el cuerpo, y en qué parte?
Anotalo. Así, en crudo. Eso ya es empezar a ponerle nombre. Y nombrarlo -te lo prometo- ya empieza a aflojar.
Y si querés, sumá una más: salí a caminar, corré el foco, salí al sol, mojate la cara. Suena simple, pero le baja un cambio a tu sistema y te devuelve la cabeza.
Esto es apenas la punta. En una Sesión de Consultoría 1:1 vamos juntas a eso que hoy no tiene nombre: leemos tu negocio y a vos al mismo tiempo, y encontramos el vector raíz - la lógica de fondo que te está frenando. Identificar, para poder accionar.
Quiero ver qué me frena →